martes, 22 de octubre de 2019

Entre lunas, muros y animales - Concierto Pink Tones en Almería

El universo de Pink Floyd volvió a nuestra ciudad el pasado viernes en el Teatro Cervantes con la banda española que mejor recrea su sonido.



Una figura en la oscuridad del escenario se dirige hacia una montaña de teclados para dar comienzo a una de las piezas experimentales con sintetizador más famosas de la historia, On the run, perfectamente enlazada con otros dos clásicos, Time y The great gig in the sky. Hace ya más de cuatro décadas que cuatro británicos aspirantes a ingenieros aterrizaron en la música para cambiarlo todo, y es muy de agradecer que bandas como Pink Tones mantengan vivo su legado con unos niveles de calidad que rozan la perfección. 
No entraré en el eterno debate sobre las bandas tributo porque, en su caso, no hay discusión:  no hablamos de imitadores sino de grandes instrumentistas que, cual orquesta sinfónica, interpretan las composiciones de genios de la música, para disfrute de los que los paladeamos en su época y deleite de las nuevas generaciones.

Pasan quince años de aquel anuncio en que el vocalista y multi-instrumentista Alvaro Espinosa iniciaba la búsqueda de compinches para su proyecto pinkfloydiano. Un teclista – Nacho Aparicio – acudió presto a la llamada, e involucró a su amigo Toni Fernández quien, con sus baquetas, hasta la fecha recrea el mágico mundo percusivo de Nick Mason.
Por tercera vez – si contamos aquel Candil Rock del 2011 – los Tones visitan nuestra tierra, y repiten en el Teatro Cervantes. Aún no habiendo visto a los originales, he podido disfrutar de Waters en directo, y declaro que lo de esta banda no es ninguna broma.
Recordaba, entrevistando a Nacho esa misma mañana en Candil Radio, que en su última visita a Almería estrenaron su círculo de luces robotizado, pero he de reconocer que ha sido en este reciente recital donde he mejor he comprobado su potencial de luces, sonido y, más importante, la grandiosidad de su música.

Acompañados de dos músicos de apoyo – Yoyo Bei y Alberto Álvarez – y dos maravillosas cantantes – Cris López y Suila Aalí, el set-list del pasado viernes hizo las delicias de los más fanáticos – entre los que me encuentro desde mi adolescencia – hasta los menos conocedores de la obra magna de los Floyd.

Repertorio para todos los gustos
Tras el comienzo con referencias al Dark llegó la primera incursión en Animals con la impresionante Dogs y la original aportación del instrumento electrónico más antiguo de la historia: el theremin. De inmediato nos transportaron a la etapa más temprana y psicodélica con el emocionante final de A sacerful of secrets y el clásico One of these days para lucimiento de su bajista, Edu Jerez.
No faltaron imprescindibles como la versión casi completa del Shine on you crazy diamond, la triada Any color you like, Brian Damage y Eclipse o su animal mas legendario, Pigs (Three different ones), con Espinosa embrujándonos con su dominio de la guitarra y vocoder. Supieron oscilar entre un algo trillado Wish you were here hasta piezas más rebuscadas como Childhood´s End. Pero para el buen aficionado el momento más disfrutable de la noche fueron dos suites con las que no muchas bandas se atreverían: Atom Heart Mother, en su versión sin orquesta, y esa enorme joya del progresivo llamada Echoes.
Comodidad y respeto
Llegado este momento sí que se echó en falta haber podido disfrutarlo cómodamente sentado en butaca. No todo el rock incita a saltar y bailar, y la música de los Floyd en ocasiones se asemeja más a una sinfonía de Beethoven que a un concierto de Springsteen. Totalmente negativo, en esta ocasión, un sector del público que no cesó de molestar en todo momento, provocando la recriminación de los estábamos allí para disfrutar de la música y no para charlas intrascendentes con los amigos. Lamentablemente, la protesta de Waters que dio lugar a The Wall sigue vigente.
El muro final
Buenos conocedores del terreno que pisan, tras semejante derroche de intensidad y experimentación, para el final debían ganarse al cien por cien de la audiencia y para ello nada como The Wall, acometiendo las tres partes del Another brick in the wall, con The Happiest Days Of Our Lives intercalada, como mandan los cánones. En su vuelta para los bises, y con la única iluminación de una pequeña lámpara, la intensa y escalofriante Nobody Home a piano y voz dio paso al éxtasis con uno de los mayores clásicos del rock, Comfortably Numb.
Con guitarras sonando a Gilmour, tambores a Mason, bajos a Waters y teclados a Wright, el alma de los Floyd revoloteó toda la noche por el teatro hasta el momento final en el que aparecieron sus fotografías. Pero no olvidemos que todo lo que sonó allí salió de los corazones de los Pink Tones. Larga vida a la música de los unos y a la carrera de los otros.



miércoles, 18 de septiembre de 2019

Antes de ABBA



Podría muy bien comenzar con ‘una morena y una rubia…’ parafraseando nuestra clásica zarzuela, pero sustituyendo la siguiente frase por  ‘…hijas del pueblo de Estocolmo’, porque hoy vengo a hablaros de ABBA.
Existe la creencia popular de que aquellos cuatro jovencitos de estrafalarias indumentarias acababan de iniciarse en el mundo artístico cuando triunfaron en el ya lejano Eurovisión del 74 cantándole -  sin demasiado rigor histórico -  a una batalla bien conocida de nuestro continente.
Nada más lejos de la realidad, porque cada uno acarreaba a sus espaldas en aquel preciso momento una carrera previa de casi una década en la que se habían pateado de arriba abajo gran parte de la península escandinava.
Un todavía lampiño Benny comenzó, al amparo de la beatlemania, con una banda de bastante éxito llamada los Hep Stars mientras que Björn, el rubio de cara simpática, hacía lo propio con los Hootenanny Singers, una formación de skiffle y folk a la que tampoco fue nada mal.
Por su parte, la angelical rubia Agnetha sumaba cuatro long plays a su nombre antes de unir su voz a los otros tres. Y la morenaza Anne-Frid – más conocida como Frida – se curtió en los cabarets y alguna que otra big band, llegando a cantar bossa-novas en sueco.
Y fue así, haciendo carretera y coincidiendo en los ​Melodifestivalen de su tierra, como sus caminos confluyeron. La chispa del amor saltó entre las dos parejas antes incluso que la musical pero, con la perspectiva que nos da saber lo que ocurrió, estaba cantado que cantarían unidos. 
Aunque las voces de los dos chicos no decían gran cosa, si que demostraban chispa e intuición para fabricar hits. Pero es que sus respectivas parejas cantaban como dos ángeles y, además, lo parecían.
Curioso también el origen de su nombre, que proviene de una pequeña broma de su manager. Cansado de llamarlos por sus nombres – su primer disco lo firmaron como Bjorn – Benny & Agnetha - Frida -, comenzó a usar el palíndromo con sus iniciales porque, curiosamente, ya era el nombre de una conservera de pescado bastante conocida en Suecia. Cuando llegaron los primeros éxitos no tuvieron más remedio que negociar con los ABBA de las latas para mantener el derecho de su uso.
Otro día me centraré en sus triunfos, que fueron muchos, pero hoy quería limitarme solo a sus inicios, sobre todo pensando en esos jovencitos que sueñan con saltar del canturreo en la ducha de su casa a un gran plató de televisión y cientos de miles de seguidores. No estaría de más comentarles que los grandes artistas no suelen surgir de la nada. Solo hay que recordar lo que hubo antes de Abba.

martes, 10 de septiembre de 2019

Receta anti-depresión



La llegada de septiembre tiene para mí un aliciente especial desde hace algún tiempo. Me sitúa frente a un micrófono en Candil Radio - y ahora también desde Subterranea - y regreso a estas páginas desde las que semanalmente doy rienda suelta a mi pasión por divulgar la buena música, entre faros y tabernas.
Pero durante el verano me he centrado en la mejor forma de escucharla, el directo y os cuentos dos ejemplos. Desde hace un tiempo le tenía ganas a un festival que no me pillaba precisamente ‘a tiro de piedra’, el Munijazz. Se celebra cada agosto en una pequeña población de La Rioja llamada Munilla en la que sus vecinos se vuelcan con el jazz  ¡¡¡ y de qué manera !!!. Con mi respeto hacia los grandes - y medianos – festivales, allí demuestran que si algo se hace con cariño y respeto no hacen falta grandes presupuestos. Estar sentado en una preciosa plaza de esa localidad y disfrutar a la luz de la luna de unos conciertos fascinantes me pareció fruto de un buen sueño, obligándome a pellizcarme cada cierto tiempo.
Impresionantes bandas como los suizos MaxMantis Trio, los IAWT homenajeando al gran Allan Holdsworth, los jóvenes boperos Gravity o la sensible costarricense Pahola Crowley me demostraron que se puede organizar un festival de categoría en cualquier parte de nuestro país si se tienen ganas, tesón y el conocimiento de lo que el amplio mundo del jazz ofrece.
Ya de vuelta en nuestra Almería acepté la propuesta los amigos del Aku Aku y acudí su último concierto de la temporada. Que lo mío es el jazz y el rock es bien sabido por los que tenéis la paciencia de leerme o escucharme habitualmente, pero esa noche, que marcaba el final de agosto y el del santo que me da nombre, comencé a saborear el flamenco como nunca me había pasado. Mucha culpa la tuvieron dos hermanos de Motril, David y Carlos de Jacoba, el primero al cante y el otro al toque, que lograron transmitirme en pocos minutos mucho más que todo el flamenco que había escuchado hasta la fecha.
Que además la fiesta se completase con mi buen el amigo el percusionista Jonhy Cortes, la asombrosa bailaora Claudia ‘La Debla’, el flautista Juan José Fernández, los guitarristas José del Tomate y Antonio Fernández y el virtuoso de la armónica Antonio Serrano, redondeó esa noche mágica.
Dicen que con la llegada del noveno mes aparecen las depresiones así que, si me permitís jugar a terapeuta por un día, os recomiendo estrenar este fatídico mes sentados en una mesa de ese lugar de Mojacar deleitándoos con su buena música como el mejor anti-depresivo natural.

viernes, 19 de julio de 2019

Entrevista a Ángel L.Vicente (Promotor concierto Chick Corea & Spanish Heart Band)


El próximo miércoles 24 de julio recala en nuestra ciudad el pianista Chick Corea dentro del LIII Festival de Flamenco y Danza Almería 2019 presentando un proyecto que comenzó a forjarse a mediados de los setenta, cuando prometió a algunos músicos - Jorge Pardo entre otros – dedicar un disco a las músicas de nuestro país. Lo cumplió con su célebre My Spanish Heart (1976) y desde entonces no ha dejado de investigar y componer temas relacionados con lo español y lo flamenco. Con su nueva banda interpretará temas de esa grabación, de sus colaboraciones con Paco de Lucia y alguno nuevo como el que da nombre a su nuevo trabajo, Antidote. Las gestiones de Ángel L. Vicente han sido fundamentales para que su Spanish Heart Band recale por nuestra capital.


¿Cómo surge la posibilidad de traer a Corea al festival de flamenco de Almeria? 
Hace un par de años, por mi relación profesional con Jorge y Josele, supe que Chick tenía en la cabeza el germen de lo que veremos el próximo 24 de julio. Tras un concierto, su manager Kris Campbel me lo presentó. Recuerdo que hablamos de flamenco, de Paco, de Jorge y en un momento le pregunté: “Chick, ¿alguna vez has tocado en un festival de flamenco?”. Pensó por un momento y respondió que no. Ahí comenzó el sueño.
¿Contar en la banda con un almeriense y un "almeriano" han sido bazas importantes para atraerlo hasta nuestra capital, única de Andalucía en presentar el proyecto? 
Seguro que sí. Admira mucho a Jorge y a Josele, tanto por su interpretación exquisita como por su creatividad y riqueza en la composición. Y está especialmente ilusionado con visitar Almería en su gira europea. Además supongo que, pudiendo tocar en cualquier festival o teatro del mundo, cuando a su oficina de Boston llego el email de la propuesta de Almería, les llamaría la atención lo de ser convocado por primera vez por un festival de flamenco y en la tierra de esta música; seguro que les pareció exótico. Además de que Chick adora esta música.
¿Porque crees que Corea tiene esta pasión por el flamenco y clásicos como Falla o Albéniz? 
Supongo que son clásicos con mucho pellizco, con mucho soniquete (risas). La riqueza musical de España es única e inigualable por haber sido un crisol cultural histórico y en Andalucía, si cabe, el “caldo” aún se concentra más. Cantos sefardíes, ritmos bereberes y la relación de ultramar con América: todo eso cristaliza en Andalucía.  El flamenco en sí es la interpretación de folclore más rica y viva de toda Europa. Desde dentro lo vemos como natural, desde fuera ¡ lo flipan !
¿Hace más de cuarenta años compuso La Fiesta y Celebration Suite, pero ¿será la primera vez que Chick actúe en una auténtica plaza de toros? 
Si, la primera vez y además en una tan coqueta y elegante como es la de Almería. La he conocido bien en la preproducción del concierto y es preciosa. Este será además el primero en España de su gira europea y su primera participación en un festival de flamenco.
Llevas muchos años en esto de la música ¿de qué te sientes más orgulloso?  
Llevo con música toda la vida. Mi madre cuenta que aprendía a leer en la portada de un disco de la tienda de música que tenían mis padres. He vendido cintas de cassette en los mercadillos, tengo formación de técnico de sonido y he regentado un estudio de grabación. Promoví en 2010/11 un festival en Mojácar. Habré producido más de 1.000 conciertos en los últimos 20 años y he trabajado en teatros y festivales de los cinco continentes. En este trabajo se te va un poco la vida entre llamadas, emails y viajes. Pero sin duda de lo que más orgulloso estoy es de trabajar desde hace 17 años a pie de playa en mi pueblo, Mojácar, junto a María Flores en Aku Aku. 
¿Qué músico es el que más te ha emocionado o impresionado?
Emocionante fue conocer a Jorge Pardo en Titos (Mojácar) a finales de los 90, cuando él tenía la edad que tengo yo ahora. E impresionante es que, después de tanto tiempo, hayamos fraguado una relación profesional llena de éxitos y vivencias. Jorge es para mí un padre profesional; después de mis padres es la persona de la que más he aprendido en la vida y, sin duda, el músico más grande que conozco. Su obra musical es catedralicia y su interpretación es trance. Tener su confianza todos estos años ha sido un experiencia vital inmensa.   
¿Está resultando complejo organizar este concierto?
Es laborioso y exige paciencia, aguantar bien la presión, eficiencia y mucha previsión. Es un poco de locos trabajar casi un año para un solo concierto de entre 90 y 120 minutos. Aunque este concierto no es al que más horas, llamadas y emails he dedicado en mi vida: en 2013 con Jorge Pardo hicimos uno en Etnosur con 100 músicos en escena. Cuando empezó a sonar, después de meses de trabajo, no podía contener la emoción.
¿Se entenderá en un festival de flamenco la presencia de esta banda, mas jazzistica y latina?
Chick no es un músico de flamenco, pero el indudable carácter flamenco de la actuación no dejará a nadie indiferente y será una noche única y para el recuerdo. Y puede que sea el concierto de mayor afluencia de publico de todo el festival. Estamos en más de un 70% del aforo vendido, pero en los tendidos quedan aún localidades y la visibilidad y la escucha ahí son inmejorables. Me gustaría destacar la valentía de la dirección del Festival de Flamenco de Almería por incorporar este proyecto dentro de la programación oficial, ¡no lo dudaron ni un momento! 
Por último, como dice Chick y canta Rubén Blades ¿es la música un antídoto para las enfermedades del mundo?
Creo que sin duda la música es sanadora, es un antídoto para las enfermedades del alma y de las emociones, para las enfermedades sociales. Creo que ir a un concierto como el del próximo miércoles tiene mucho de bueno. Uno de los alicientes de esta profesión de locos románticos es la sensación de que colaboras en el disfrute de la gente y que, al final, dejas un mundo mejor del que te encontraste.

martes, 16 de julio de 2019

Los rockeros también bailan

‘…Los músicos no bailamos, ya habrás oído decir…’, sentenciaba el gran Jorge Drexler en una de sus canciones más deliciosas, Don de fluir. Y posiblemente esa costumbre de quedarse en la barra en lugar de lanzarse a la pista toca más de cerca a los aficionados al rock. 
Porque con bailar no me estoy refiriendo a mover la cabeza compulsivamente durante un concierto de los Maiden, ni a arrejuntarse mientras suena una balada, que ya dijo Dalma que bailar pegados no es bailar. Me refiero a menear el esqueleto con soltura, aires a Tony Manero y siguiendo unos mínimos pasos coreografiados.
Pero en aquella lejana década de los setenta cuando el mundo se lanzó de cabeza a las pistas de baile, no fueron pocas las bandas y artistas de rock que sucumbieron sin el más mínimo pudor. Algo tendría que ver el sustancial aumento de sus cuentas corrientes, pero también es cierto que en esa época muchos de ellos visitaban las discotecas frecuentemente y se rendían con alegría a la danza y al pantalón de pata ancha.
Uno de los primeros en arrojarse a la piscina discotequera fue Bowie, que en el 74 realizó una versión bailona de John I´m only dancing y poco después su Young Americans. Casi a la vez los Eagles coincidían en el mismo estudio de Miami con los Bee Gees y acabaron abriendo su disco homónimo con One of these nights incitando al movimiento y cantando en falsete. 
Pero donde se concentran más ejemplos del bailongueo de los rockeros fue en el año 1979. Y a las pruebas me remito: El pelopincho Rod Stewart preguntaba al mundo Da ya think I´m sexy? dejando noqueados a sus fans de The Faces; Elton John grabó Victim of love y las victimas fuimos los que lo compramos; los progresivos Camel incursionaban en el tecno con un sorprendente Remote Romance y la Electric Light Orchestra publicaba en Discovery algunas de las piezas de disco-music mas perfectas de la historia. Hasta los eternos Kinks coquetearon con la divertidísima (Whish I could fly like) Superman y mi admirado Paul McCartney cerraba la década con uno de sus temas más rítmicos, Goodnight Tonight, que algunos recordareis como sintonía de la Vuelta Ciclista a España del 79.
Pero si hay una banda que presuma de ser la esencia del rock´n´roll son los Stones. Pues a pesar las quejas de Keith Richards también animaron las pistas; primero con Miss you y poco después con Emotional Rescue, con un Jagger desatado y en falsete al más puro estilo ‘Gibb’.
En definitiva, en aquel final de década creo que se podía afirmar que los rockeros también bailaban o, al menos, hicieron bailar a medio mundo. 

martes, 9 de julio de 2019

El payo Corea

Un señor de pelo engominado, bigotazo, chaquetilla y camisa con chorreras fue mi primera imagen de Chick Corea. Y con esa apariencia de mariachi me miraba fijamente desde la portada de un doble vinilo que acababa de comprarme, My Spanish Heart. Su estilista no debía tener muy clara la diferencia entre nuestro país y ese al que Trump quiere aislar con un muro.
Desde que Lionel Hampton grabó Jazz Flamenco - en el que, según Montoliú, lo único cercano a nuestro folclore era una señora tocando las castañuelas-, muchos han sido los intentos de jazzistas norteamericanos por integrar en sus obras la sonoridad de nuestra música. Corea ha sido, a mi juicio, de los más acertados.
Su ascendencia hispana – su apellido puede derivar del latino Correa –, la admiración por el Sketches of Spain de Miles Davis, el interés por Albeniz o Falla y su curiosidad infinita habrán tenido mucho que ver. 
Tras foguearse en su juventud con los mejores del látin-jazz, nada más iniciar los 70 ya compuso La Fiesta y Spain, dos piezas fundamentales que, aún rozando superficialmente nuestras músicas, es tanta su originalidad que han pasado a ser de los standard mas interpretados de la historia.
Me contaba Jorge Pardo no hace mucho que se conocieron a su paso por Madrid en los 70 con los Return to Forever, y cuando él militaba en la banda Dolores. Tras compartir impresiones - y un buen cocido - surgió la promesa de un disco dedicado a su admiración por este extraño y fascinante país llamado España. 
Lo hizo y aunque, en porcentaje, había más de latino que de flamenco, el resultado fue un gran trabajo de fusión del jazz con todos los palos que le interesaban. Personalmente, me introdujo de sopetón en las músicas improvisadas, lo que le agradeceré eternamente. Una objeción: no contar con ningún músico español para una obra supuestamente inspirada en nuestra tierra. 
Le puso remedio en Touchstone (1982) invitando al mejor guitarrista flamenco del mundo, Paco de Lucia, surgiendo una eterna admiración entre ambos. Rescató años después el proyecto con Benavent, Dantas y el propio Pardo, y con ellos recorrió el mundo demostrando cuanto había progresado en el estudio de nuestra música desde aquellas dos iníciales y ya célebres piezas.
En breve lo tendremos en nuestra ciudad con una apabullante y multicultural formación – la Spanish Heart Band - donde, además de Pardo, también figura nuestro paisano Niño Josele. 
No sé cómo se lo tomarán los puristas pero, para mí, el mejor plato del nuestro próximo festival de flamenco va a ser poder degustar al payo Corea.


martes, 25 de junio de 2019

Cuarenta mariposas para Pablo

Que el trío Pieris porte el nombre de una mariposa proviene del propósito de asociarse a algo bello que conecte norte y sur, y mientras observaba las manos de Marco Mezquida deslizarse por las teclas del magnífico Shimmel de Clasijazz pensé que no había nada más parecido al leve vuelo de ese lepidóptero. Cada aleteo produce tal cantidad de belleza que si algún asistente al concierto hubiese padecido el síndrome de Stendhal, lo sacamos de allí con los pies por delante. Porque hay momentos en los que un instrumento parece haber sido creado con el propósito de que caiga en las manos de un determinado artista y Mezquida nació para el piano. Su combinación de depuradísima técnica, desbordante imaginación, exquisito gusto y una capacidad de innovación constante constata que la música sigue su camino escogiendo a sus propios renovadores.
Los daneses Jesper Boldisen al contrabajo  y Martin Maretti Andersen en la batería no quedan a la zaga, dando réplica a sus diabluras pianísticas y haciendo de cada composición una nueva aventura. 
Me preguntaba mi amiga Ana al día siguiente que cual era el estilo de jazz que interpretaban y no supe contestarle. Su música trasciende de etiquetas y se convierte en una suerte de mágico desarrollo de melodías, armonías y ritmos aprovechando cualquier cultura o lugar.
Sucedió un jueves cualquiera y presentaban el disco homónimo del que yo desconocía todo. Me vanaglorio de ir preparado a los conciertos, pero hay ocasiones en las que acudir con los oídos vírgenes tiene sus ventajas.
Me atrapó esa bellísima Hidden Beauty de Bodilsen que dio paso a Florencia, original de Mezquida, inspirado y lleno de matices donde el juego con la dinámica, el cruce de ritmos y las bellísimas melodías entretejidas describen al mediterráneo. Me encandiló Joy, emocionante oda de Marco a su abuela que me recordó a aquellos country del mejor Jarrett. O el clásico de Agustín Lara, Piensa en mí, con un tratamiento exquisito de bolero swingueado. Y, siguiendo la tradición de otro superdotado en lo de homenajear a los de Liverpool, llegó el delicado Love de Lennon, arrancando con la calma del original para ir transformándose en un tsunami musical.
Con la ranchera Que nadie sepa mi sufrir como breve bis completaron un set de ensueño que cualquier músico querría poder poseer y abordar. El suave aleteo de una mariposa se habría podido escuchar en el momento final, cuando los tres posaban suavemente las manos sobre sus instrumentos y daban por finalizado un concierto regalado a un Pablo Mazuecos que no había soñado entrar de esa forma en la cuarentena.