martes, 13 de abril de 2021

El rincón de mis Salteños

 


Me paso la vida recordando a músicos de todas partes del mundo y a veces esos árboles me impiden ver el bosque de los más cercanos. En Almería tenemos grandes artistas y no todos se apellidan Escobar o Bisbal, ni aparecen en recientes programas de la televisión. Hace algunos años tres jóvenes llamados Manolo, Pilar y Polo, con unos pocos escarceos cantores previos, decidieron formar una de las bandas más originales e interesantes que ha dado nuestra tierra: Salteños. Su propuesta era sencilla y, a la vez, complicada: darnos a conocer el folklore latinoamericano en años en los que no resultaba fácil descubrir esa música, y aún más complejo aprenderla e interpretarla con instrumentos originales como la quena, el siku, el charango o el bombo legüero.

Contaron con la importante baza de su talento, tanto instrumental como realizando unos juegos de voces tan perfectos que superaban a sus inspiradores, bandas como Illapu o Inti-Illimani. Me contaba no hace mucho Manolo Salas que, tras escucharlos, algunos oriundos de esas tierras se les acercaban a preguntar de qué parte de Latinoamérica provenían.

Para la historia quedan Contracorriente (1991) y Desde el sur (1993) con las melodías que en los ochenta les escuchábamos en directo, como el alegre Candombe para José, la pícara El cascabel, con sus dobles sentidos o el impresionante alarde ‘a capela’ en Estrella de luna nueva. Incluso nos descubrieron, con El día de los grones, a un joven Fito Páez. Y nunca faltó en sus recitales la emocionante interpretación que Pilar Barceló realizaba de la mítica y triste Alfonsina y el mar.

Continúan en la actualidad dirigidos por uno de sus fundadores, pero permitid que mi corazoncito rememore aquellos Salteños con los que disfruté algunas noches en su propio rincón, mientras soñaba (sin desear ningún mal a su estupendo pianista Leo Filloy) con poder subirme algún día al escenario con ellos. En estos tiempos de tanta impostura y autotune, reivindico su vigencia como ejemplo, porque para hacer buena música es indispensable saber cantar o tocar bien un instrumento. Ni más ni menos.

martes, 6 de abril de 2021

Entrenar en primera

 


Siempre pensamos que los noreuropeos son más avanzados que nosotros, pobres españolitos, pero viendo la serie noruega Home Ground no me queda tan claro. La trama es sencilla: una mujer es contratada por primera vez como entrenadora de un equipo de futbol de la división de honor. No podéis imaginar la que se lía.

Algo así debieron sufrir las pioneras del rock cuando dieron un paso adelante para liderar sus propias bandas. Ahí han quedado JoplinRonstadtBenatar o Debbie Harry, pero casi nadie recuerda a la pequeña Suzi Quatro. Y todas - menos Janis, lógicamente – le deben algo a este diablillo de Detroit.

La vi por primera vez en la portada de un single que me prestó mi vecina Mari Lola; gracias a su hermano mayor ella estaba bien surtida en exquisiteces musicales de las que un mocoso como yo se aprovechó en la preadolescencia. Puede que fuese su primer y sonado éxito, Can the can, o la no menos roquera 48 Crash, temas con los que se convirtió en una diva del glam rock, pero yo quedé prendado por el encanto que desprendía aquella chiquilla de ojos azules enfundada en un mono de cuero negro bien ajustado.

Justo finalizando los setenta su estrella se fue apagando, aunque yo pillé justo el repunte de su dúo con Chris NormanStumblin´ In, una bonita balada que se alejaba del derroche de energía que su minúscula figura representaba en los escenarios, empuñando un enorme bajo eléctrico con tanto descaro como McCartney. Uno de sus últimos hits, Rock Hard, lo escuché mil veces en el 80.

Suzi fue una pionera aunque, desgraciadamente, no pudo ser profeta en su tierra, y acabó consiguiendo sus mayores éxitos en Europa –España incluida- y Australia. Quizá no se ha hablado tanto de ella porque logró zafarse de los típicos daños colaterales del negocio, las drogas y el alcohol. Y puede que por ese mismo motivo a sus setenta años se mantenga en forma y con un disco nuevo en el mercado, The Devil in me, que os aseguro no está nada mal.

Tras ella llegaron cientos de mujeres que dieron un paso adelante en el rock, y se hicieron fuertes, incluso en nuestro país. Sin embargo, décadas después, nos sigue faltando una entrenadora en el Real Madrid o el Barça.

martes, 23 de marzo de 2021

Nos han robado Abril

 


Podríais pensar que intento obviar el próximo mes antes de que llegue, pero los que aman la música sabrán que me refiero a nos acaba de dejar uno de los músicos más completos que ha dado nuestro país, Antón García Abril. Al contrario que su tocaya de apellido, que hace poco ‘daba la nota’ con su negacionismo, este maestro de la composición se caracterizó por hablar con cordura a través de su música.

Creo que mi primer contacto con su obra, siendo un niño, fue la sintonía de Los camioneros, serie de inicios de los 70 con un jovencísimo Sancho Gracia y en ella ya demostraba una inigualable habilidad para realzar las imágenes con su música.

Pero García Abril ya llevaba años realizando trabajos tan dispares como la partitura del documental Franco, ese hombre, o sus incursiones en el cine de género como el western rodado en Almería Adiós, Texas -con otro Franco muy distinto como protagonista-, o la tenebrosa música del film que aterrorizó mi infancia, La noche de Walpurgis.

De esa época son sus composiciones para grandes comedias, casi siempre de la mano de Pedro Lazaga. Se le atribuye la popularización aquí del divertido estilo ‘dabadaba’ y no hay mejor ejemplo que un clásico de nuestro cine de barrio, Sor Citroën, al que guardo especial cariño por haber sido la primera película que vi en una TV en color. En esas bandas sonoras también mostraba su admiración por la bossa-nova y se dejó influir por el pop yeyé de la época.

A pesar de llevar tiempo componiendo obras para grandes orquestas, e incluso alguna ópera, obtuvo el reconocimiento gracias a su amigo Félix, participando en una obra maestra de nuestro audiovisual patrio: El hombre y la tierra. Aunque realizó cientos de composiciones para todos los capítulos de la serie, ya solo la sintonía principal justifica una carrera.

En los ochenta volvió a taladrar nuestra memoria colectiva con Fortunata y Jacinta, Ramón y Cajal o la maravillosa Anillos de oro, que no hubiesen sido las mismas sin sus melancólicas sintonías.

Os invito a descubrir su obra orquestal, con piezas como Hemeroscopium o algunas de sus sonatas, de entre su inmensa producción. Dediquemos a Antón García el próximo abril.

martes, 9 de marzo de 2021

Unidos por el metal

 



El amor fraternal es una cosa y que dos hermanos puedan trabajar juntos otra muy diferente. No obstante, el mundo artístico ha dado ejemplos de que puede suceder con más o menos atino. Ahí tenemos a los incombustibles Hermanos Calatrava, que llevan tanto tiempo juntos que es imposible distinguir al feo del guapo. O los hermanos más famosos de nuestro pop, los Cano, constructores de una leyenda musical en nuestro país a pesar de llevarse regular.

Pero yo hoy os voy a hablar de dos ‘hermanos en jazz’ bastante desconocidos para el gran público, pero a los que todos habéis escuchado al menos una vez en la vida. Me refiero a Randy y Michael, los hermanos Brecker.

Con una trompeta y un saxo, respectivamente, esta pareja de geniales sopladores se paseó por la música durante décadas dejando su impronta en los discos más variados y sorprendentes. Pocos saben que su aplomo como sección de metales galvanizó aquel mítico Born to Run de un entonces joven Springsteen, dieron empaque a algunos temas del Blue Moves del Elton John de los setenta, aportaron un maravilloso toque jazzy a discos de Paul Simon o incluso de Beatles como Lennon o Ringo. Y todos reconoceréis la famosa melodía creada por Mark Knopfler para la película Local Hero, pero pocos sabríais que el inconfundible saxo que la interpreta estaba empuñado por Michael Brecker.

Mal estaría no recordar que ambos, además de curtirse con luminarias del jazz como Horace Silver, formaron en los setenta una banda con la que dejaban clara su consanguinidad, los Brecker Brothers. Con ellos revolucionaron el jazz-funk y casi rozaron la disco-music. En los ochenta, el pequeño Michael – por quien tengo especial debilidad - co-fundó otra banda fundamental para entender la fusión: Steps Ahead, mientras que su hermano Randy seguía participando en cientos de proyectos interesantes.

En mi primera visita al festival de Vitoria creí tener la oportunidad de ver a Michael en directo, pero los primeros avisos de la leucemia que se lo llevó por delante dieron al traste con mi ilusión. Su hermano Randy, a su avanzada edad, sigue apareciendo de cuando en cuando, manteniendo siempre muy alto el legado de estos dos hermanos unidos por el metal.

martes, 2 de marzo de 2021

El descubrimiento de la luz eléctrica



Hay descubrimientos que se producen sin avisar y casi por casualidad, y el álbum Discovery de la Electric Light Orchestra tiene mucho que ver con esto.

Su líder, Jeff Lynne, descubrió y disfrutó la música de baile en esa época, a finales de los setenta. También tuvo la revelación, como antes los Beatles, de no necesitar actuar en directo para pasarlo bien. Y, para desgracia de su violinista y dos violonchelistas, también se encontró con opciones orquestales diversas que le permitieron mandarlos a la cola del paro.

Por mi parte, gracias a todos esos hallazgos ajenos, me sumergí en la música de una banda que ocuparía muchas horas en mi adolescencia, dándome enormes satisfacciones. Disfruté mil y una veces de los bailones temas de ese trabajo, como su inicial single Shine a Little Love, que me aprendí de memoria de tanto pincharlo, aquel Last Train to London que hoy en día sigue sonando en todas las emisoras, así como la pegadiza y algo simplona Confusion, con la que no termino de reconciliarme.

Pero también descubrí la mejor forma de conseguir la cercanía del sexo opuesto –con consentimiento expreso, por supuesto, no sea la retroactividad de la Ley Montero llegue hasta la EGB- con dos de mis baladas favoritas, Need her love y Midnight Blue, que me permitieron reducir al mínimo el espacio entre chico-chica en esos años de guateques en garajes.

Pero no todo ese disco estuvo enfocado a las pistas de baile –lentas o rápidas- porque en él hay espacio para temas algo estrafalarios, como The Diary of Horace Wimp, o joyitas ocultas como On The Run o Wishing. Y lo terminaron con un riff rocanrolero marca de la casa ‘eléctrica’, Don´t Bring Me Down, capaz de derribar a cualquiera a pesar de cantar lo contrario.

Muchos años después me enteré de que el título de aquel mítico disco en realidad provenía de la combinación de dos palabras con las que su teclista, Richard Tandy, describía el ambiente general de la grabación, realizada en el cuartel general alemán del mayor discotequero de la historia: Giorgio Moroder. Todo aquello era ‘very disco’, y acabaron dándole la vuelta. ¡¡¡Menudo descubrimiento, ¿no?!!!


martes, 23 de febrero de 2021

Sobrevolando Inglaterra

 


Ser el menor de los hermanos puede tener ventajas e inconvenientes, pero desempeñar un rol similar en la banda de rock más importante de la historia debió causar a un jovencito George Harrison motivos para ir a terapia al menos dos veces por semana. Tuvo que luchar duro, tímidamente al principio, de forma más enérgica después, para que le dejasen mostrar su talento, algo complicado enfrentándose a dos tipos que sacaban de su chistera una obra maestra tras otra casi sin pestañear. 

Tras la traumática separación de la banda, para colmo, llegó la personal, viendo a su mujer caer en brazos de su mejor amigo, un tal Eric Clapton. Las acusaciones de plagio por uno de sus mayores éxitos —My Sweet Lord— también amargaron la década de los setenta al benjamín de los Beatles, pero no le impidieron seguir grabando música. 

Mi primer contacto con el Harrison post-beatles fue la deliciosa Blow Away, single que aún conservo como oro en paño, pero uno de mis discos favoritos es Somewhere In England (1981), también rodeado de polémica. Su propio sello vetó la publicación de algunos temas por, según ellos, estar alejados de las modas del momento. Eso le inspiró Blood From a Clone, canción inicial en la que exhibe su repugnancia por la industria discográfica. Al final acabó editando un trabajo digno, interesante y atemporal. Sin abandonar su habitual faceta espiritual, reflejada en las deliciosas Life Itself y Writing's On The Wall, también mostró interés por «standards» como Baltimore Oriole y Hong Kong Blues, piezas de Hoagy Carmichael, el compositor del famosísimo Georgia on my mind. Pero lo más recordado de ese trabajo es la nostálgica All Those Years Ago. Era para Ringo pero, incapaz de cantarla, obligó a George asumirla. En su letra evoca recuerdos felices en The Beatles, tal vez influido por la reciente desaparición de Lennon. Por si faltaban alicientes, grabándola se re-encontraron en el estudio los tres Fab Four supervivientes.  

La historia ya ha colocado a George en el lugar que merece, pero su carrera en solitario sigue siendo injustamente desconocida. Para empezar a remediarlo os invito a recuperar aquella colección de canciones escritas desde algún lugar de Inglaterra


martes, 16 de febrero de 2021

Uno de los nuestros


No soy un fulano con la lágrima fácil, parafraseando al más famoso pirata de Úbeda, pero hace unos días se me encogió un poquito el alma cuando un buen amigo y gran melómano, Carlos Romeo, dejó un escueto pero contundente mensaje en mi whatsapp: “Ha fallecido Chick Corea”. Tendí a pensar, dados los tiempos que corren, que se trataba del bulo del día en un mundo tan asquerosamente falso que parece que no salgamos del 28 de diciembre en todo el año.

Pero se confirmó la triste noticia y no pude por menos que, desde mi sofá y mientras hacía como que veía algo en la tele, recordar como ese pequeño gran hombre, que comparte nombre con mi hermano Armando, había marcado mi vida desde la adolescencia. Casi gasté de tanto pincharlo My Spanish Heart, su particular homenaje a una música –el flamenco- que le cautivó desde su descubrimiento. Sus obras de los setenta, más cercanas al rock – Romantic Warrior, The Mad Hatter, No Mystery, etc -, me animaron a profundizar en una música a la que cuesta llegar pero de la que es imposible salir. Y entonces descubrí al Corea poliédrico, ese pianista que no dudaba en atacar el más puro bop parkeriano, adentrarse en experimentos free, interpretar a Mozart o juntarse con el mejor guitarrista flamenco de la historia para hacer música celestial, con tanto swing como duende.

Recuerdo mis nervios en la segunda o tercera fila del Teatro Cervantes en 1990, esperando a verlo en directo por primera vez con su contundente Elektric Band. O, años después, un reencuentro en otro lugar mítico, Mendizorroza (Vitoria), lugar soñado para los aficionados, en la presentación de su proyecto Touchstone con nuestro querido Jorge Pardo. Lo que no imaginé en julio de 2019 es que el coso taurino de mi tierra iba a ser el último escenario donde yo pudiese presenciar su magia a los teclados.

Como me ocurrió en su día con Bowie –que diferentes, pero que similares-, siento una tremenda ausencia en el arte desde que se ha marchado. Me consta que se estaba gestando su candidatura al Princesa de Asturias. ¿Podía alguien merecerlo más que aquel que, sin ser español, ha interpretado tantas veces por todo el mundo un tema llamado Spain?


martes, 9 de febrero de 2021

Liderando águilas

 


Parece mentira que sigamos a vueltas con la igualdad entre sexos, pero aún me llama más la atención que continúen esos comportamientos en países tan supuestamente avanzados como los EEUU, donde ya en el pasado siglo muchas artistas sufrieron discriminación por el solo hecho de formar parte del mal llamado sexo débil. Una de ellas, mi protagonista de hoy, la excelente cantante Linda Ronstadt.

De jovencita dejó su casa en Tucson, Arizona -como el Jojo de Get Back-, y emigró a donde todo se cocía en el mundo del rock del fin de los sesenta: California. Y en pleno corazón del progresismo y la modernidad tuvo que soportar críticas por ser solo intérprete y no compositora cuando nadie se quejaba sobre esa misma condición aplicada a un Elvis o un Sinatra. Sumémosle lo duro que resultaba liderar una banda de rock siendo mujer y manejar con mano dura y tacto a la vez a sus músicos, algunos tan machotes que no veían con buenos ojos tener jefa. Hasta con el público tuvo problemas, que la confundían a veces con una groupie.

Aun así, tras probar en trio con los Stone Poneys, inició su carrera como líder acompañada por los que después fundarían la banda Eagles. Ya por esa época colaboró con una de las grandes del jazz, Carla Bley, en su mítico Escalator Over The Hill (1970), una de las pocas óperas jazz de la historia.

Su mayor virtud fue transformar e incluso mejorar temas de grandes compositores. Por su garganta desfilaron versiones de Randy Newman con Bet No One Ever Hurt So Bad, Neil Young y su precioso Birds o Carole King con la deliciosa Will You Love Me Tomorrow, esta última en Silk Purse, un disco de una belleza inversamente proporcional a su portada, en la que aparece una angelical y sonriente Linda posando junto a unos cerdos en su pocilga. No sé si la cosa iba con segundas. Su gran éxito llegó mediando los setenta con You´re No Good, un tranquilo funk con aires al Philadelphia Sound, que sigue siendo un referente en una carrera impecable en la que ha entonado desde standards a rancheras. Hace poco abandonó los escenarios por un Parkinson avanzado que no la deja cantar. Que eso no nos prive del placer de escuchar a esta pionera en el mundo del rock femenino.

martes, 26 de enero de 2021

Jazzyrap

 


Es bien conocido el refrán ‘nunca digas de esta agua no beberé, ni este cura no es mi padre’. Yo procuro tenerlo cada vez más presente, sobre todo en lo tocante a lo musical, porque hace años me hubiese costado bastante prestar atención a ciertos estilos alejados, en teoría, de mi vademécum musical. Y uno de ellos era el rap.

Pero la vida te lleva por caminos inesperados. La triste desaparición en 2013 del gran Larry Martin me obligó a tener que buscar con urgencia un nuevo batería para la grabación de uno de mis discos y eso me hizo a conocer a Dani Domínguez. Este gallego, otro gran maestro de las baquetas, entre toma y toma en el estudio y con inusitada emoción, comenzó a contarnos al resto de músicos que andaba tocando en la banda de un rapero, que resultó ser nada menos que Kase.O. Este había montado un proyecto en el que una banda acústica y eminentemente jazzística daba soporte a su discurso. No os voy a engañar, en ese momento no le hice mucho caso. Pero como tengo la costumbre de almacenar en mi disco duro cerebral cualquier recomendación, me hice con el disco de Jazz Magnetism en cuanto pude.

Más recientemente otros dos amigos, el periodista Jacinto Castillo y el músico Kike Parra me han vuelto a poner en la senda del hip hop, cada uno a su manera, y este proyecto, que une de forma magistral jazz y rap, ha vuelto a mi vida con más fuerza que antes. Incluso me ha hecho investigar un poco en una cultura que tiene muchos más vasos comunicantes con el jazz y el resto de música afroamericana de lo que yo podía pensar previamente.

El mítico Louis Armstrong -todo un pionero del rap con su Heebie Jeebies-, la genial Sheila Jordan, el mismísimo Miles -como siempre, metido en todos los ajos- o gente tan ‘sangre limpia’ como Branford Marsalis, han incorporado elementos del hip hop en su música o colaborado con raperos de prestigio.

Pero de todo lo escuchado en estas semanas, nada me ha resultado más interesante que el disco de ese trovador urbano de origen maño interactuando con cuatro grandes músicos de jazz. Dejad que ejerza ese magnetismo también sobre vosotros.

 

martes, 19 de enero de 2021

Las paradojas de Roy

 



Le conocí como Lefty Wilbury, uno de los viajeros de la colorida pero misteriosa portada de un vinilo adquirido en la sección de discos de Pryca (aquella primera gran superficie almeriense); no sabía aún que era uno de los mejores cantantes que ha dado Norteamérica, Roy Orbison.

A veces la realidad te supera y algo así le ocurrió a él. La misteriosa figura de hombre triste tras gafas oscuras de este trovador de melancólicas melodías comenzó debido a una casualidad y a su extrema timidez. Pero acabó convirtiéndose en realidad cuando le tocó sufrir ciertas tragedias familiares difíciles de superar.

En sus inicios, con The Teen Kings, quiso ser rocanrolero, siguiendo los pasos de su admirado (y muy pronto también amigo) Elvis Presley. Pero el triunfo le llegó cuando su prodigiosa voz comenzó a entonar las intensas baladas por las que ha pasado a la historia. Si no os emocionáis con temas como Only The Lonely, Crying, It´s over y, sobre todo, el intenso bolero Running Scared, comprobad si os sigue latiendo el corazón. Paradojas de la vida, su hit más celebrado acabó siendo la alegre Pretty Woman, composición que, gracias al cine, terminó asociándose con la profesión más vieja del mundo.

En su momento más dulce es cuando le golpea la tragedia: en menos de dos años pierde a su mujer y a dos de sus hijos, en sendos accidentes. Para colmo, el mundo musical le vuelve la espalda en los setenta, y las nuevas modas psicodelia, progresivo o hard rock  le pasan por encima como una apisonadora.

Su recuperación llegó en los ochenta gracias a aquellos que siempre le habían admirado. Ahí estuvo el cineasta Lynch incluyendo In Dreams en Terciopelo Azul, o George Harrison con quien compartió giras y amistad en los sesenta junto a The Beatles incluyéndole en los Travelling Wilburys. Finalmente, Jeff Lynne decidió que una figura de su valía tenía que volver por todo lo alto. Pero su débil corazón no supero tanto trajín, dejando de latir un mes antes de que su nuevo y multiplatino trabajo, Mistery Girl, saliese a la calle. Y llega la segunda paradoja: Mientras You got it alcanzaba el número uno, Roy no lo consiguió disfrutar.

 

martes, 8 de diciembre de 2020

El maestro Chipo

 


La mayoría de premios y reconocimientos vienen acompañados de cierto porcentaje de sospechas o envidias, por lo que es inaudito cuando sobre el premiado cae el peso de la unanimidad; hace unos días mi amigo Chipo Martínez recibió el Escudo de Oro de la Ciudad de Almería y me atrevería a asegurar que ni una sola voz en desacuerdo se ha alzado ante tal reconocimiento. Y todo tiene su explicación.

Si a Chipo tuviese que definirlo con una sola palabra esa sería bondad. Y ello habiéndose movido desde su juventud en un mundillo artístico en el que, tarde o temprano, alguna zancadilla te acaban poniendo. Desde que fue mozalbete y cayó rendido por los lejanos ecos de la beatlemania que llegaban a Almería, Don Joaquín (si, muchos no sabréis que ese es su verdadero nombre) posiblemente ha pisado más escenarios que Keith Richards y Paul McCartney juntos. Grandes, medianos y pequeños. Su pericia, buen hacer y el codearse con grandes músicos de nuestro país no han impedido que su ranking en la BBC —bodas, bautizos y comuniones— sea más que abultado, pero puedo asegurar (porque lo he vivido junto a él) que su entusiasmo cuando el show comienza es exactamente el mismo en un gran teatro que en el más infecto garito.

Todos recordareis su etapa en los Teddy Boys, pero no tengo espacio para enumerar las formaciones a las que ha pertenecido. He tenido el privilegio de compartir con él muchas horas de escenario, ensayos, viajes, charlas —un rato de conversación con Chipo debería estar recetado por la Seguridad Social—, y también algunos ratos complicados. Jamás le he visto una mala cara. Siempre «positifo», nunca «negatifo».

Ha tocado con todos, ha ayudado a cada músico almeriense que lo ha necesitado y se ha ganado el cariño y el respeto de sus colegas, de su público, de su ciudad. Su nombre, como ejemplo de concordia, buen hacer y profesionalidad, debería quedar grabado en ese escudo a partir de ahora.

Nada más recibirlo soltó la cinematográfica frase ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’. Y yo le contesto: ‘Amigo Chipo, ser tú mismo, ¿te parece poco?’.


martes, 1 de diciembre de 2020

Luces y sombras

 



La reciente desaparición Maradona y la histeria colectiva desatada —sobre todo en su país, donde le idolatraban—, me ha hecho reflexionar y, como siempre, mis pensamientos lo conectan todo con aquello que más me interesa, la música.

En un primer momento me pareció indecente la elevación a los altares de alguien como él, con una trayectoria extra deportiva tan lamentable, pero resulta que en el mundo de las artes también existen ejemplos de personalidades de altos logros profesionales pero vidas no tan ejemplares.

El primero que me viene a la cabeza es Phil Spector, famoso productor y creador del ‘muro de sonido’. Su carácter de matón de barrio, sumado a la acusación y posterior encarcelamiento por el asesinato de su mujer, no ha rebajado un ápice la admiración que se le sigue profesando.

Otro ejemplo poco edificante podría ser Charlie Parker, adorado por todo amante del jazz —yo mismo me incluyo—, cuyas adicciones y problemas con la justicia podrían no ser el mejor ejemplo —no hablo de lo musical— para los jóvenes estudiantes de música improvisada.

En el rock nos encontramos con miles de ejemplos poco edificantes, y a algunos de ellos un servidor los tiene en un pedestal. Quien lea cualquier biografía de Bowie descubrirá, además de al genio, al hombre que durante algunas épocas de su vida solo se alimentó de drogas y leche, y cuyos comportamientos a nivel humano dejaban mucho que desear. Casi lo mismo diría de Elton John, con intentos de suicidio de por medio y una vida de excesos poco virtuosa en sus años de mayor éxito.

Hasta mis idolatrados Beatles —quien me conozca sabrá de mi inquebrantable veneración hacia ellos—, tuvieron sus luces y sus sombras en cuanto al consumo de sustancias y comportamientos personales.

No hay nada como ponerte en la piel de los demás para comprender la enorme pena que invade a los que pierden a alguien que les ha hecho pasar momentos felices. Pensando que a mí se me encogió el corazón la mañana en que supe que Bowie no volvería a componer nada nuevo, entiendo mejor a los que lamentan que «el pelusa» no volverá a marcar ningún gol con la mano.

martes, 22 de octubre de 2019

Entre lunas, muros y animales - Concierto Pink Tones en Almería

El universo de Pink Floyd volvió a nuestra ciudad el pasado viernes en el Teatro Cervantes con la banda española que mejor recrea su sonido.



Una figura en la oscuridad del escenario se dirige hacia una montaña de teclados para dar comienzo a una de las piezas experimentales con sintetizador más famosas de la historia, On the run, perfectamente enlazada con otros dos clásicos, Time y The great gig in the sky. Hace ya más de cuatro décadas que cuatro británicos aspirantes a ingenieros aterrizaron en la música para cambiarlo todo, y es muy de agradecer que bandas como Pink Tones mantengan vivo su legado con unos niveles de calidad que rozan la perfección. 
No entraré en el eterno debate sobre las bandas tributo porque, en su caso, no hay discusión:  no hablamos de imitadores sino de grandes instrumentistas que, cual orquesta sinfónica, interpretan las composiciones de genios de la música, para disfrute de los que los paladeamos en su época y deleite de las nuevas generaciones.

Pasan quince años de aquel anuncio en que el vocalista y multi-instrumentista Alvaro Espinosa iniciaba la búsqueda de compinches para su proyecto pinkfloydiano. Un teclista – Nacho Aparicio – acudió presto a la llamada, e involucró a su amigo Toni Fernández quien, con sus baquetas, hasta la fecha recrea el mágico mundo percusivo de Nick Mason.
Por tercera vez – si contamos aquel Candil Rock del 2011 – los Tones visitan nuestra tierra, y repiten en el Teatro Cervantes. Aún no habiendo visto a los originales, he podido disfrutar de Waters en directo, y declaro que lo de esta banda no es ninguna broma.
Recordaba, entrevistando a Nacho esa misma mañana en Candil Radio, que en su última visita a Almería estrenaron su círculo de luces robotizado, pero he de reconocer que ha sido en este reciente recital donde he mejor he comprobado su potencial de luces, sonido y, más importante, la grandiosidad de su música.

Acompañados de dos músicos de apoyo – Yoyo Bei y Alberto Álvarez – y dos maravillosas cantantes – Cris López y Suila Aalí, el set-list del pasado viernes hizo las delicias de los más fanáticos – entre los que me encuentro desde mi adolescencia – hasta los menos conocedores de la obra magna de los Floyd.

Repertorio para todos los gustos
Tras el comienzo con referencias al Dark llegó la primera incursión en Animals con la impresionante Dogs y la original aportación del instrumento electrónico más antiguo de la historia: el theremin. De inmediato nos transportaron a la etapa más temprana y psicodélica con el emocionante final de A sacerful of secrets y el clásico One of these days para lucimiento de su bajista, Edu Jerez.
No faltaron imprescindibles como la versión casi completa del Shine on you crazy diamond, la triada Any color you like, Brian Damage y Eclipse o su animal mas legendario, Pigs (Three different ones), con Espinosa embrujándonos con su dominio de la guitarra y vocoder. Supieron oscilar entre un algo trillado Wish you were here hasta piezas más rebuscadas como Childhood´s End. Pero para el buen aficionado el momento más disfrutable de la noche fueron dos suites con las que no muchas bandas se atreverían: Atom Heart Mother, en su versión sin orquesta, y esa enorme joya del progresivo llamada Echoes.
Comodidad y respeto
Llegado este momento sí que se echó en falta haber podido disfrutarlo cómodamente sentado en butaca. No todo el rock incita a saltar y bailar, y la música de los Floyd en ocasiones se asemeja más a una sinfonía de Beethoven que a un concierto de Springsteen. Totalmente negativo, en esta ocasión, un sector del público que no cesó de molestar en todo momento, provocando la recriminación de los estábamos allí para disfrutar de la música y no para charlas intrascendentes con los amigos. Lamentablemente, la protesta de Waters que dio lugar a The Wall sigue vigente.
El muro final
Buenos conocedores del terreno que pisan, tras semejante derroche de intensidad y experimentación, para el final debían ganarse al cien por cien de la audiencia y para ello nada como The Wall, acometiendo las tres partes del Another brick in the wall, con The Happiest Days Of Our Lives intercalada, como mandan los cánones. En su vuelta para los bises, y con la única iluminación de una pequeña lámpara, la intensa y escalofriante Nobody Home a piano y voz dio paso al éxtasis con uno de los mayores clásicos del rock, Comfortably Numb.
Con guitarras sonando a Gilmour, tambores a Mason, bajos a Waters y teclados a Wright, el alma de los Floyd revoloteó toda la noche por el teatro hasta el momento final en el que aparecieron sus fotografías. Pero no olvidemos que todo lo que sonó allí salió de los corazones de los Pink Tones. Larga vida a la música de los unos y a la carrera de los otros.



miércoles, 18 de septiembre de 2019

Antes de ABBA



Podría muy bien comenzar con ‘una morena y una rubia…’ parafraseando nuestra clásica zarzuela, pero sustituyendo la siguiente frase por  …hijas del pueblo de Estocolmo’, porque hoy vengo a hablaros de ABBA.
Existe la creencia popular de que aquellos cuatro jovencitos de estrafalarias indumentarias acababan de iniciarse en el mundo artístico cuando triunfaron en el ya lejano Eurovisión del 74 cantándole -  sin demasiado rigor histórico -  a una batalla bien conocida de nuestro continente.
Nada más lejos de la realidad, porque cada uno acarreaba a sus espaldas en aquel preciso momento una carrera previa de casi una década en la que se habían pateado de arriba abajo gran parte de la península escandinava.
Un todavía lampiño Benny comenzó, al amparo de la beatlemania, con una banda de bastante éxito llamada los Hep Stars mientras que Björn, el rubio de cara simpática, hacía lo propio con los Hootenanny Singers, una formación de skiffle y folk a la que tampoco fue nada mal.
Por su parte, la angelical rubia Agnetha sumaba cuatro long plays a su nombre antes de unir su voz a los otros tres. Y la morenaza Anne-Frid – más conocida como Frida – se curtió en los cabarets y alguna que otra big band, llegando a cantar bossa-novas en sueco.
Y fue así, haciendo carretera y coincidiendo en los Melodifestivalen de su tierra, como sus caminos confluyeron. La chispa del amor saltó entre las dos parejas antes incluso que la musical pero, con la perspectiva que nos da saber lo que ocurrió, estaba cantado que cantarían unidos. 
Aunque las voces de los dos chicos no decían gran cosa, si que demostraban chispa e intuición para fabricar hits. Pero es que sus respectivas parejas cantaban como dos ángeles y, además, lo parecían.
Curioso también el origen de su nombre, que proviene de una pequeña broma de su manager. Cansado de llamarlos por sus nombres – su primer disco lo firmaron como Bjorn – Benny & Agnetha - Frida -, comenzó a usar el palíndromo con sus iniciales porque, curiosamente, ya era el nombre de una conservera de pescado bastante conocida en Suecia. Cuando llegaron los primeros éxitos no tuvieron más remedio que negociar con los ABBA de las latas para mantener el derecho de su uso.
Otro día me centraré en sus triunfos, que fueron muchos, pero hoy quería limitarme solo a sus inicios, sobre todo pensando en esos jovencitos que sueñan con saltar del canturreo en la ducha de su casa a un gran plató de televisión y cientos de miles de seguidores. No estaría de más comentarles que los grandes artistas no suelen surgir de la nada. Solo hay que recordar lo que hubo antes de Abba.

martes, 10 de septiembre de 2019

Receta anti-depresión



La llegada de septiembre tiene para mí un aliciente especial desde hace algún tiempo. Me sitúa frente a un micrófono en Candil Radio - y ahora también desde Subterranea - y regreso a estas páginas desde las que semanalmente doy rienda suelta a mi pasión por divulgar la buena música, entre faros y tabernas.
Pero durante el verano me he centrado en la mejor forma de escucharla, el directo y os cuentos dos ejemplos. Desde hace un tiempo le tenía ganas a un festival que no me pillaba precisamente ‘a tiro de piedra’, el Munijazz. Se celebra cada agosto en una pequeña población de La Rioja llamada Munilla en la que sus vecinos se vuelcan con el jazz  ¡¡¡ y de qué manera !!!. Con mi respeto hacia los grandes - y medianos – festivales, allí demuestran que si algo se hace con cariño y respeto no hacen falta grandes presupuestos. Estar sentado en una preciosa plaza de esa localidad y disfrutar a la luz de la luna de unos conciertos fascinantes me pareció fruto de un buen sueño, obligándome a pellizcarme cada cierto tiempo.
Impresionantes bandas como los suizos MaxMantis Trio, los IAWT homenajeando al gran Allan Holdsworth, los jóvenes boperos Gravity o la sensible costarricense Pahola Crowley me demostraron que se puede organizar un festival de categoría en cualquier parte de nuestro país si se tienen ganas, tesón y el conocimiento de lo que el amplio mundo del jazz ofrece.
Ya de vuelta en nuestra Almería acepté la propuesta los amigos del Aku Aku y acudí su último concierto de la temporada. Que lo mío es el jazz y el rock es bien sabido por los que tenéis la paciencia de leerme o escucharme habitualmente, pero esa noche, que marcaba el final de agosto y el del santo que me da nombre, comencé a saborear el flamenco como nunca me había pasado. Mucha culpa la tuvieron dos hermanos de Motril, David y Carlos de Jacoba, el primero al cante y el otro al toque, que lograron transmitirme en pocos minutos mucho más que todo el flamenco que había escuchado hasta la fecha.
Que además la fiesta se completase con mi buen el amigo el percusionista Jonhy Cortes, la asombrosa bailaora Claudia ‘La Debla’, el flautista Juan José Fernández, los guitarristas José del Tomate y Antonio Fernández y el virtuoso de la armónica Antonio Serrano, redondeó esa noche mágica.
Dicen que con la llegada del noveno mes aparecen las depresiones así que, si me permitís jugar a terapeuta por un día, os recomiendo estrenar este fatídico mes sentados en una mesa de ese lugar de Mojacar deleitándoos con su buena música como el mejor anti-depresivo natural.

viernes, 19 de julio de 2019

Entrevista a Ángel L.Vicente (Promotor concierto Chick Corea & Spanish Heart Band)


El próximo miércoles 24 de julio recala en nuestra ciudad el pianista Chick Corea dentro del LIII Festival de Flamenco y Danza Almería 2019 presentando un proyecto que comenzó a forjarse a mediados de los setenta, cuando prometió a algunos músicos - Jorge Pardo entre otros – dedicar un disco a las músicas de nuestro país. Lo cumplió con su célebre My Spanish Heart (1976) y desde entonces no ha dejado de investigar y componer temas relacionados con lo español y lo flamenco. Con su nueva banda interpretará temas de esa grabación, de sus colaboraciones con Paco de Lucia y alguno nuevo como el que da nombre a su nuevo trabajo, Antidote. Las gestiones de Ángel L. Vicente han sido fundamentales para que su Spanish Heart Band recale por nuestra capital.


¿Cómo surge la posibilidad de traer a Corea al festival de flamenco de Almeria? 
Hace un par de años, por mi relación profesional con Jorge y Josele, supe que Chick tenía en la cabeza el germen de lo que veremos el próximo 24 de julio. Tras un concierto, su manager Kris Campbel me lo presentó. Recuerdo que hablamos de flamenco, de Paco, de Jorge y en un momento le pregunté: “Chick, ¿alguna vez has tocado en un festival de flamenco?”. Pensó por un momento y respondió que no. Ahí comenzó el sueño.
¿Contar en la banda con un almeriense y un "almeriano" han sido bazas importantes para atraerlo hasta nuestra capital, única de Andalucía en presentar el proyecto? 
Seguro que sí. Admira mucho a Jorge y a Josele, tanto por su interpretación exquisita como por su creatividad y riqueza en la composición. Y está especialmente ilusionado con visitar Almería en su gira europea. Además supongo que, pudiendo tocar en cualquier festival o teatro del mundo, cuando a su oficina de Boston llego el email de la propuesta de Almería, les llamaría la atención lo de ser convocado por primera vez por un festival de flamenco y en la tierra de esta música; seguro que les pareció exótico. Además de que Chick adora esta música.
¿Porque crees que Corea tiene esta pasión por el flamenco y clásicos como Falla o Albéniz? 
Supongo que son clásicos con mucho pellizco, con mucho soniquete (risas). La riqueza musical de España es única e inigualable por haber sido un crisol cultural histórico y en Andalucía, si cabe, el “caldo” aún se concentra más. Cantos sefardíes, ritmos bereberes y la relación de ultramar con América: todo eso cristaliza en Andalucía.  El flamenco en sí es la interpretación de folclore más rica y viva de toda Europa. Desde dentro lo vemos como natural, desde fuera ¡ lo flipan !
¿Hace más de cuarenta años compuso La Fiesta y Celebration Suite, pero ¿será la primera vez que Chick actúe en una auténtica plaza de toros? 
Si, la primera vez y además en una tan coqueta y elegante como es la de Almería. La he conocido bien en la preproducción del concierto y es preciosa. Este será además el primero en España de su gira europea y su primera participación en un festival de flamenco.
Llevas muchos años en esto de la música ¿de qué te sientes más orgulloso?  
Llevo con música toda la vida. Mi madre cuenta que aprendía a leer en la portada de un disco de la tienda de música que tenían mis padres. He vendido cintas de cassette en los mercadillos, tengo formación de técnico de sonido y he regentado un estudio de grabación. Promoví en 2010/11 un festival en Mojácar. Habré producido más de 1.000 conciertos en los últimos 20 años y he trabajado en teatros y festivales de los cinco continentes. En este trabajo se te va un poco la vida entre llamadas, emails y viajes. Pero sin duda de lo que más orgulloso estoy es de trabajar desde hace 17 años a pie de playa en mi pueblo, Mojácar, junto a María Flores en Aku Aku. 
¿Qué músico es el que más te ha emocionado o impresionado?
Emocionante fue conocer a Jorge Pardo en Titos (Mojácar) a finales de los 90, cuando él tenía la edad que tengo yo ahora. E impresionante es que, después de tanto tiempo, hayamos fraguado una relación profesional llena de éxitos y vivencias. Jorge es para mí un padre profesional; después de mis padres es la persona de la que más he aprendido en la vida y, sin duda, el músico más grande que conozco. Su obra musical es catedralicia y su interpretación es trance. Tener su confianza todos estos años ha sido un experiencia vital inmensa.   
¿Está resultando complejo organizar este concierto?
Es laborioso y exige paciencia, aguantar bien la presión, eficiencia y mucha previsión. Es un poco de locos trabajar casi un año para un solo concierto de entre 90 y 120 minutos. Aunque este concierto no es al que más horas, llamadas y emails he dedicado en mi vida: en 2013 con Jorge Pardo hicimos uno en Etnosur con 100 músicos en escena. Cuando empezó a sonar, después de meses de trabajo, no podía contener la emoción.
¿Se entenderá en un festival de flamenco la presencia de esta banda, mas jazzistica y latina?
Chick no es un músico de flamenco, pero el indudable carácter flamenco de la actuación no dejará a nadie indiferente y será una noche única y para el recuerdo. Y puede que sea el concierto de mayor afluencia de publico de todo el festival. Estamos en más de un 70% del aforo vendido, pero en los tendidos quedan aún localidades y la visibilidad y la escucha ahí son inmejorables. Me gustaría destacar la valentía de la dirección del Festival de Flamenco de Almería por incorporar este proyecto dentro de la programación oficial, ¡no lo dudaron ni un momento! 
Por último, como dice Chick y canta Rubén Blades ¿es la música un antídoto para las enfermedades del mundo?
Creo que sin duda la música es sanadora, es un antídoto para las enfermedades del alma y de las emociones, para las enfermedades sociales. Creo que ir a un concierto como el del próximo miércoles tiene mucho de bueno. Uno de los alicientes de esta profesión de locos románticos es la sensación de que colaboras en el disfrute de la gente y que, al final, dejas un mundo mejor del que te encontraste.

martes, 16 de julio de 2019

Los rockeros también bailan

‘…Los músicos no bailamos, ya habrás oído decir…’, sentenciaba el gran Jorge Drexler en una de sus canciones más deliciosas, Don de fluir. Y posiblemente esa costumbre de quedarse en la barra en lugar de lanzarse a la pista toca más de cerca a los aficionados al rock. 
Porque con bailar no me estoy refiriendo a mover la cabeza compulsivamente durante un concierto de los Maiden, ni a arrejuntarse mientras suena una balada, que ya dijo Dalma que bailar pegados no es bailar. Me refiero a menear el esqueleto con soltura, aires a Tony Manero y siguiendo unos mínimos pasos coreografiados.
Pero en aquella lejana década de los setenta cuando el mundo se lanzó de cabeza a las pistas de baile, no fueron pocas las bandas y artistas de rock que sucumbieron sin el más mínimo pudor. Algo tendría que ver el sustancial aumento de sus cuentas corrientes, pero también es cierto que en esa época muchos de ellos visitaban las discotecas frecuentemente y se rendían con alegría a la danza y al pantalón de pata ancha.
Uno de los primeros en arrojarse a la piscina discotequera fue Bowie, que en el 74 realizó una versión bailona de John I´m only dancing y poco después su Young Americans. Casi a la vez los Eagles coincidían en el mismo estudio de Miami con los Bee Gees y acabaron abriendo su disco homónimo con One of these nights incitando al movimiento y cantando en falsete. 
Pero donde se concentran más ejemplos del bailongueo de los rockeros fue en el año 1979. Y a las pruebas me remito: El pelopincho Rod Stewart preguntaba al mundo Da ya think I´m sexy? dejando noqueados a sus fans de The Faces; Elton John grabó Victim of love y las victimas fuimos los que lo compramos; los progresivos Camel incursionaban en el tecno con un sorprendente Remote Romance y la Electric Light Orchestra publicaba en Discovery algunas de las piezas de disco-music mas perfectas de la historia. Hasta los eternos Kinks coquetearon con la divertidísima (Whish I could fly like) Superman y mi admirado Paul McCartney cerraba la década con uno de sus temas más rítmicos, Goodnight Tonight, que algunos recordareis como sintonía de la Vuelta Ciclista a España del 79.
Pero si hay una banda que presuma de ser la esencia del rock´n´roll son los Stones. Pues a pesar las quejas de Keith Richards también animaron las pistas; primero con Miss you y poco después con Emotional Rescue, con un Jagger desatado y en falsete al más puro estilo ‘Gibb’.
En definitiva, en aquel final de década creo que se podía afirmar que los rockeros también bailaban o, al menos, hicieron bailar a medio mundo. 

martes, 9 de julio de 2019

El payo Corea

Un señor de pelo engominado, bigotazo, chaquetilla y camisa con chorreras fue mi primera imagen de Chick Corea. Y con esa apariencia de mariachi me miraba fijamente desde la portada de un doble vinilo que acababa de comprarme, My Spanish Heart. Su estilista no debía tener muy clara la diferencia entre nuestro país y ese al que Trump quiere aislar con un muro.
Desde que Lionel Hampton grabó Jazz Flamenco - en el que, según Montoliú, lo único cercano a nuestro folclore era una señora tocando las castañuelas-, muchos han sido los intentos de jazzistas norteamericanos por integrar en sus obras la sonoridad de nuestra música. Corea ha sido, a mi juicio, de los más acertados.
Su ascendencia hispana – su apellido puede derivar del latino Correa –, la admiración por el Sketches of Spain de Miles Davis, el interés por Albeniz o Falla y su curiosidad infinita habrán tenido mucho que ver. 
Tras foguearse en su juventud con los mejores del látin-jazz, nada más iniciar los 70 ya compuso La Fiesta y Spain, dos piezas fundamentales que, aún rozando superficialmente nuestras músicas, es tanta su originalidad que han pasado a ser de los standard mas interpretados de la historia.
Me contaba Jorge Pardo no hace mucho que se conocieron a su paso por Madrid en los 70 con los Return to Forever, y cuando él militaba en la banda Dolores. Tras compartir impresiones - y un buen cocido - surgió la promesa de un disco dedicado a su admiración por este extraño y fascinante país llamado España. 
Lo hizo y aunque, en porcentaje, había más de latino que de flamenco, el resultado fue un gran trabajo de fusión del jazz con todos los palos que le interesaban. Personalmente, me introdujo de sopetón en las músicas improvisadas, lo que le agradeceré eternamente. Una objeción: no contar con ningún músico español para una obra supuestamente inspirada en nuestra tierra. 
Le puso remedio en Touchstone (1982) invitando al mejor guitarrista flamenco del mundo, Paco de Lucia, surgiendo una eterna admiración entre ambos. Rescató años después el proyecto con Benavent, Dantas y el propio Pardo, y con ellos recorrió el mundo demostrando cuanto había progresado en el estudio de nuestra música desde aquellas dos iníciales y ya célebres piezas.
En breve lo tendremos en nuestra ciudad con una apabullante y multicultural formación – la Spanish Heart Band - donde, además de Pardo, también figura nuestro paisano Niño Josele. 
No sé cómo se lo tomarán los puristas pero, para mí, el mejor plato del nuestro próximo festival de flamenco va a ser poder degustar al payo Corea.


martes, 25 de junio de 2019

Cuarenta mariposas para Pablo

Que el trío Pieris porte el nombre de una mariposa proviene del propósito de asociarse a algo bello que conecte norte y sur, y mientras observaba las manos de Marco Mezquida deslizarse por las teclas del magnífico Shimmel de Clasijazz pensé que no había nada más parecido al leve vuelo de ese lepidóptero. Cada aleteo produce tal cantidad de belleza que si algún asistente al concierto hubiese padecido el síndrome de Stendhal, lo sacamos de allí con los pies por delante. Porque hay momentos en los que un instrumento parece haber sido creado con el propósito de que caiga en las manos de un determinado artista y Mezquida nació para el piano. Su combinación de depuradísima técnica, desbordante imaginación, exquisito gusto y una capacidad de innovación constante constata que la música sigue su camino escogiendo a sus propios renovadores.
Los daneses Jesper Boldisen al contrabajo  y Martin Maretti Andersen en la batería no quedan a la zaga, dando réplica a sus diabluras pianísticas y haciendo de cada composición una nueva aventura. 
Me preguntaba mi amiga Ana al día siguiente que cual era el estilo de jazz que interpretaban y no supe contestarle. Su música trasciende de etiquetas y se convierte en una suerte de mágico desarrollo de melodías, armonías y ritmos aprovechando cualquier cultura o lugar.
Sucedió un jueves cualquiera y presentaban el disco homónimo del que yo desconocía todo. Me vanaglorio de ir preparado a los conciertos, pero hay ocasiones en las que acudir con los oídos vírgenes tiene sus ventajas.
Me atrapó esa bellísima Hidden Beauty de Bodilsen que dio paso a Florencia, original de Mezquida, inspirado y lleno de matices donde el juego con la dinámica, el cruce de ritmos y las bellísimas melodías entretejidas describen al mediterráneo. Me encandiló Joy, emocionante oda de Marco a su abuela que me recordó a aquellos country del mejor Jarrett. O el clásico de Agustín Lara, Piensa en mí, con un tratamiento exquisito de bolero swingueado. Y, siguiendo la tradición de otro superdotado en lo de homenajear a los de Liverpool, llegó el delicado Love de Lennon, arrancando con la calma del original para ir transformándose en un tsunami musical.
Con la ranchera Que nadie sepa mi sufrir como breve bis completaron un set de ensueño que cualquier músico querría poder poseer y abordar. El suave aleteo de una mariposa se habría podido escuchar en el momento final, cuando los tres posaban suavemente las manos sobre sus instrumentos y daban por finalizado un concierto regalado a un Pablo Mazuecos que no había soñado entrar de esa forma en la cuarentena. 

martes, 18 de junio de 2019

Lo que necesitas es amor

Cuando contaba con solo doce años compré un disco llamado A single man, que acababa de editar un aparentemente elegante caballero – si nos fijamos en la portada – llamado Elton John. Recuerdo aún los esfuerzos por hacerle distinguir a mi abuela Eloísa, fan declarada del tigre de Gales, que ‘El Tom Jones’ de mi disco era otro. Entonces, escuchando Part-time love o Madness no podía imaginarme que brotaban de una mente tan genial como atormentada. Rápidamente me hice fan irredento de ese pequeño y extravagante personaje cuyo nombre real es Reginald Dwight y en pocos años, uno a uno, adquirí todos sus fabulosos trabajos de los 70.

El pasado fin de semana disfruté y me emocioné con Rocketman, el biopic en forma de musical que nos cuenta su azarosa vida. Conocía detalles de su biografía pero no es lo mismo leerlos que reencontrarse con el personaje y viajar con él, con la ayuda de las geniales letras de su socio Bernie Taupin, el 50% de uno de los tándem compositivos más perfectos de la historia del rock y el único que en esa época lo apreció sinceramente. 
Para el gran público Elton es ese personaje histriónico del inicio del film disfrazado de diablo rojo y rogando con la mirada la misma cantidad de cariño que de cocaína. Bajo esa cabeza portadora de sombreros mas estrafalarios que los de su propia reina se esconde una de las mentes musicalmente más perfectas que conozco.
Hoy no es momento de glosar sus grandes discos - de algunos ya os he hablado y de otros hablaré – sino de recomendaros la película. Más de uno os sorprenderéis de cuantas melodías reconocéis y no os preocupéis por la cronología de las mismas porque, de forma tremendamente hábil, están colocadas en el momento en que las letras se adaptan mejor a los sucesos de su vida. Por eso, por ejemplo, una relativamente reciente I want love suena durante su niñez, época en la que comenzaron sus carencias afectivas.
El aprendizaje, la constatación de su homosexualidad, su ascensión, sus múltiples adicciones, un intento de suicidio, la negación de su condición – llegando a casarse con una mujer, Renate Blauel, boda que recuerdo haber leído en un Diez Minutos de la época –, y su posterior renacimiento con Too low for zero, el disco que le devolvió la vida y a su medio-hermano Bernie, todo ello está relatado en una película que no ahorra detalles escabrosos. Si a Elton no le importa contarlos, a mi tampoco que aparezcan. 
El  ’hombre-cohete’ debería ocupar, en mi opinión, un puesto mucho más alto del que ostenta en el Olimpo de los dioses del rock. Id a ver la película pero, por favor, escuchad sus discos.